Todos o casi todos hemos utilizado a lo largo de nuestra vida cremas faciales y corporales. Las aplicamos para reducir arrugas, controlar el exceso de grasa, hidratar la piel seca o incluso para cuidar la piel de nuestros hijos desde pequeños.
Pero surge una pregunta importante:
¿Sabemos realmente qué estamos aplicando sobre nuestra piel?
La mayoría de las veces la respuesta suele ser algo como:
“Me han dicho que es muy buena”, “a una amiga le funciona”, o “dicen que lleva colágeno”.
Sin embargo, en muchas ocasiones no sabemos realmente qué está “comiendo” nuestra piel.
La piel absorbe más de lo que imaginamos
La piel es el órgano más grande del cuerpo y a través de ella absorbemos muchos de los productos que aplicamos a diario.
No solo cremas faciales. También pomadas médicas, parches transdérmicos o cualquier producto que colocamos sobre la piel puede penetrar en ella.
Por eso es tan importante saber de qué se alimenta nuestra piel.
Muchos productos de uso diario contienen compuestos químicos potencialmente dañinos, y no solo están presentes en las cremas faciales. También pueden encontrarse en:
- dentífricos
- geles de baño
- champús
- desodorantes
- espumas de afeitar
- productos para bebés
- perfumes
- maquillajes
Muchos de estos ingredientes sintéticos se utilizan para mejorar la textura, el olor, el color o la conservación del producto, generalmente buscando reducir costes de producción.
Ingredientes químicos que conviene conocer
Algunos de estos compuestos pueden actuar como disruptores endocrinos, es decir, sustancias que alteran el equilibrio hormonal del organismo.
Entre los más conocidos se encuentran los parabenos y los ftalatos (DEHP, DBP, BBP, DINP, DIDP, DNOP), que han sido relacionados en distintos estudios con problemas de salud como alteraciones hormonales o enfermedades metabólicas.
Además, en muchos cosméticos también podemos encontrar sustancias como:
Aceites minerales
(mineral oil, paraffinum, petroleum, propylene glycol)
Fenoles y derivados
(nitrophenol, phenolphthalein, chlorophenol, phenylenediamine sulfate)
PEGs
(glicol polietileno)
Tensioactivos y sulfatos
(steareth, ceteareth, sodium laureth sulfate)
Colorantes sintéticos
(acetanilid, HC, acid, pigment)
Solventes
(compuestos que contienen el término isopropil)
Liberadores de formaldehído
(diazolidinyl urea, imidazolidinyl urea, polymethylene urea o compuestos con las siglas DM)
También pueden aparecer ingredientes como talco, aluminio, mercurio o antioxidantes sintéticos como el E-321.
Para profundizar más sobre este tema, existen artículos especializados que analizan el impacto de estos compuestos en la salud.
Cómo saber qué contiene tu cosmético
Si quieres comprobar qué ingredientes contiene un producto cosmético, puedes hacerlo fácilmente.
En el envase encontrarás un listado llamado INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients). Este apartado indica todos los componentes y principios activos del producto.
Es importante saber que los ingredientes aparecen ordenados según su concentración, por lo que los primeros de la lista son los que están presentes en mayor cantidad.
Te animo a hacer una pequeña prueba:
coge alguna de tus cremas o tu gel de baño y revisa su lista INCI. Probablemente descubrirás ingredientes que nunca habías oído antes.
La alternativa: cosmética natural y orgánica
Todo esto es una razón de peso para apostar por cosmética natural y orgánica, libre de sustancias tóxicas para la piel.
La cosmética verdaderamente natural no utiliza ingredientes de relleno destinados únicamente a aportar textura, color o perfume artificial. Por ello, suele ofrecer una mayor concentración de principios activos.
Además, este tipo de cosmética:
- favorece la regeneración natural de la piel
- respeta el equilibrio cutáneo
- reduce el riesgo de reacciones adversas
- ayuda a mantener la piel sana, purificada y revitalizada
Los productos naturales suelen basar su formulación en principios activos procedentes de plantas, aguas termales, agua de mar, algas y aceites vegetales.
El objetivo de esta cosmética es acompañar y apoyar a la piel en sus procesos naturales de regeneración, nutriéndola y cuidándola sin agredirla.
Cuida lo que aplicas sobre tu piel
Cada día utilizamos muchos productos sobre nuestra piel, por lo que es importante prestar atención a su composición.
Apostar por una cosmética más natural y consciente no solo beneficia a tu piel, sino también a tu bienestar general.
Tu piel y tu organismo te lo agradecerán.